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VOTO DE TINIEBLAS: LAS EMPAREDADAS.

Durante la Edad Media, la práctica del emparedamiento de monjas fue una constante en Europa. Descubre su historia.

Las emparedadas eran reclusas religiosas ya sea por castigo, por penitencia o por voluntad propia que eran encerradas entre paredes sin ningún tipo de comunicación.

Este hecho se llevó a cabo en la Edad Media como pena, como es el caso de una monja de Granada que fue emparedada en el monasterio de Santa Isabel la Real, en el Albaicín.

Esta monja escapó del monasterio con un hombre, razón por la cual fue castigada de modo tan macabro. Él, sin embargo, fue sentenciado a muerte. La monja acabó su trágica historia muriendo emparedada y allí seguían sus restos cuando se encontraron después de abrir la pared que la había mantenido oculta durante siglos.

Emparedadas
La monja emparedada, grabado de 1868 de Vinzenz Katzler. Fuente: Wikipedia.

Por desgracia, no es el único caso de mujeres emparedadas por condena. En Valencia también se conoce el caso de una condesa que fue encerrada por adulterio por abandonar a su esposo para estar con otro hombre.

Precisamente es en esta ciudad, Valencia, donde podemos encontrar muchos casos de emparedamientos, en este caso por voluntad propia.

Este era el caso de mujeres viudas o solteras. En el contexto de la época, estar soltera estaba muy mal visto y había que elegir entre casarse o entrar en un convento. Por lo tanto, el emparedamiento suponía una opción a tener en cuenta para muchas mujeres que quisieran dedicar el resto de sus días a llevar este tipo de vida. Aunque estuvieran encerradas para siempre, fueron muchas las que se abandonaron a esta práctica. El caso más notable en Valencia fue el de Madalena Calabuig, una monja franciscana a la que llamaron Ministra de las Emparedadas. Magdalena pasó enclaustrada más de un cuarto de siglo en el beaterio de San Lorenzo.

Emparedadas.
Imagen de una celda de una emparedada. Fuente: Arquitectura y Empresa.

Sin embargo, los emparedamientos no solo se llevaban a cabo en conventos, sino que también constaban casos en algunos sitios públicos como murallas o incluso puentes. En todo caso, se trataba de una práctica atroz que sufrían sobre todo las mujeres de la época, ya fuese porque las obligaban o porque se veían obligadas.

Fuente:

Las Provincias.

Laicismo.org

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