En la catedral de Granada existió un campanero muy peculiar llamado Santiago Martín López, más conocido como el último campanero de la Catedral de Granada.
Don Santiago nació en una familia con una gran tradición de campaneros. Su abuelo y su padre ya realizaban este oficio antes de su llegada. Al coger el cargo de campanero se trasladó a las Torres Mochas de la catedral llamadas así porque estaban inacabadas. Se instaló justo en la habitación donde Alonso Cano tenía su taller y vivió allí toda su vida.

Se le conocía por ser una persona un tanto extraña ya que criaba animales de granja en el tejado de la catedral. Predominaban las gallinas, cerdos, conejos, palomas que usaba para su propio abastecimiento. Aun así, cuando tenía que bajar para cualquier deber, Santiago entraba por una puerta escondida en la calle de la cárcel que daba a unas escaleras de caracol y que a su vez acababan en lo más alto del torreón.
No fue hasta sus últimos diez años de vida cuando don Santiago decidió no bajar más del campanario debido a su vejez y mal estado de salud.
Los asistentes de la catedral le traían alimentos que subían mediante un cubo con una cuerda que él mismo iba recogiendo. El trabajo de este gran campanero terminó con su muerte en abril de 1989.
Los más allegados de este solitario campanero lo consideraban como unas de las personas más fieles y eficientes. Allí pasaba las horas en esa solitaria torre solo para informar a sus vecinos de cualquier evento religioso sin fallar ni un solo día con la tarea que le fue encomendada.
Hoy en día, cada vez que suenan las campanas de la catedral solo unos pocos ven a lo lejos a ese campanero demostrándose como unos de los más fieles sirvientes que ha tenido esta majestuosa Catedral de Granada.
Fuente: Ideal.es