838 Carrera del Darro

El duende del Darro

La existencia de una criatura terrorífica de origen desconocido tuvo en vilo a la población granadina del verano de 1935.

Un misterio sin resolver

Inmerso en la quietud de sus rezos habituales ante el altar de la iglesia de Santa Ana, el señor párroco escuchó unos sonidos que le alertaron. Mediaba el año 1935 y a las 8 de la tarde, se retiraba para cenar y acostarse. Esos sonidos eran distintos a todos los escuchados hasta ahora: parecieran provenir del submundo.

Alertado porque esos sonidos continuaran y subieran de intensidad, salió despavorido a las puertas de la iglesia. Los pocos transeúntes de la cercana Plaza Nueva se detuvieron a ver al señor cura dando gritos y solicitando auxilio, la tez demudada de color, el pelo despeinado. Gritaba que algún animal debía estar en las cercanías por la parroquia, pero nadie había visto nada.

La existencia de una criatura terrorífica de origen desconocido tuvo en vilo a la población granadina del verano de 1935.
Escenas sobre el duende del Darro. Imágenes de Torres Molina. Fuente: Granada Hoy.

En primer lugar, alertada la policía, ante la posible existencia de una criatura terrorífica en el centro de la ciudad, se puso en marcha la batida por los alrededores del cauce descubierto del río Darro. Posteriormente fueron de casa en casa fueron consultando a vecinos; también en los locales de comercios y de los oficios más diversos. Nadie sabía nada. Nadie había escuchado nada. Tan solo el párroco al caer la tarde, aseguraba volver a escuchar esos mismos sonidos que le aterraban.

Nunca se supo con certeza qué fuera aquel enigmático sonido que percibía tan solo el señor párroco. Las pesquisas policiales arrojaron varias hipótesis no excesivamente sólidas.

Una de las teorías que se manejaron fue la posibilidad de que en el embovedado solían refugiarse vecinos del cercano barrio del Sacromonte. Posiblemente, personas de mal pelaje y peor fama que aprovechaban la discreción de la bóveda del río para esconderse y preparar sus hurtos. Igual que con el animal, podría ser que el eco hiciera el resto en la deformación de sus voces que llegaban hasta el párroco ya de anochecida.

La prensa se hizo eco de la noticia. Fuente: Leyendas y Fábulas urbanas.

No contentaron a casi nadie aquellas teorías. Otra de las teorías parece más verosímil. Los agentes de la guardia de asalto desplazados a la zona, informaron de que en el caserón adjunto a la casa parroquial se habían las desvelado las desavenencias entre las dos familias que ocupaban el inmueble.

Parecía que venían de antiguo las trifulcas y riñas entre los miembros de ambos clanes obligados a la convivencia. Siendo esto ya sorprendente, aún más lo fue el que se desvelara también que los hijos de los patriarcas de ambas familias mantenían una relación amorosa. Al estilo de los amantes de Verona, hija e hijo de los vecinos beligerantes no podían hacer público su amor. Por lo que se refugiaban en el sótano del caserón que, casualmente, luce también la actualidad abierto al río Darro por unos grandes ventanales abiertos de par en par cuando llegan los calores de la primavera granadina.

En conclusión, el imaginario popular dio pronta solución al enigma. Muchos resolvieron por su cuenta, aunque el enigma continúe vivo hasta la fecha, motivo por el cual mucho aún piensan que en cualquier momento pueden encontrarse con este alma en pena saliendo del río en busca de alguien a quien volver a asustar de anochecida.

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