¿Sabías que en el año 1898 se perpetró un crimen aterrador muy conocido de la época en la provincia de Jaén?
El crimen que se va a relatar fue un asesinato de Antonio Anguita Hidalgo a manos del clérigo e hijo Julián Anguita García, ciudadano de Castillo de Locubín (de ahí su apodo), donde se convirtió en el crimen más famoso de principios de siglo XX.

El delito se hizo tan famoso debido a que el protagonista del acto pertenecía a la iglesia. Este hecho hizo que fuera noticia durante meses. Todo comenzó por lo que todas las familias disputan: la herencia. Antonio (padre de Julián), quería dejar parte de sus tierras como herencia a la alcaldía de Castillo de Locubín.
Como cabía esperar, sus familiares no estaban de acuerdo con que esa parte de la herencia se quedara en manos de este pequeño pueblo de la provincia de Jaén, por lo que su hijo Julián perpetró un asesinato ayudado por los más allegados de Antonio como era su mujer y su cuñado. La brutalidad del asesinato, solo se vio superada por la complejidad de la investigación. El hecho de que el autor de los hechos fuera sacerdote entorpecía mucho la investigación debido a que nadie podía creer que un cura podría cometer tal barbarie.

El cadáver se encontró con una puñalada en el pecho, un agujero de bala en el ojo y además su rostro era prácticamente irreconocible.
No sería hasta después de unas semanas más tarde cuando se identificó la víctima. En ese momento fue cuando se inició una investigación a manos de la policía. Durante meses el sacerdote Julián intentó encubrirse mediante documentos falsos del fallecimiento de su padre, donde afirmaba fervientemente que su padre había muerto en Málaga por muerte natural. Poco después fueron capturados por la policía y llevados a juicio. Fueron condenados a muerte su mujer, su cuñado y su hijo Julián, aunque el autor fue Julián, el jurado considero que los dos restantes tenían la misma culpa ya que fueron cómplices de este ruin asesinato. Al final Julián consiguió retrasar su ejecución hasta el 1901 debido a su pertenencia a la iglesia donde definitivamente acabó la historia del monstruo de Locubín.